¿Quién hubiera dicho que la aldea de los hobbits inmortalizada en la trilogía cinematográfica de El Señor de los Anillos se encuentra en medio de una granja y rodeada de ovejas? ¿Cómo imaginar que la tétrica montaña de Mordor es en realidad un volcán sagrado para los maorís? Aún hoy, transcurridas más de dos décadas del estreno de la saga, el interés por descubrir los escenarios naturales del rodaje no ha dejado de ser uno de los grandes reclamos turísticos de Nueva Zelanda. Y la belleza de las localizaciones sigue sorprendiendo a miles de visitantes.